2 de enero de 2009

Una antesala

Había un terrible incendio y sentía el rugir de alguien. Sentía que el infierno estaba cerca y que el diablo me llamaba dando una oscuridad profunda al camino y las paredes se tornaban rojas en este largo corredor.

De repente, escuché voces de personas. Pensé que estaba solo en este alocado y tenebroso lugar, me sentí algo aliviado pero esas voces me parecían muy familiares. Decidí en correr desesperadamente hacia donde llega el sonido, no recuerdo si lo hice de manera valerosa, pero llegué al fin a la puerta en donde provenían los gritos.

El suelo que recorrí se había despedazado mostrando una infinita oscuridad allí abajo y dejando un camino muy estrecho, algo difícil como para pasara caminando. El techo mostraba ciertas figuras que eran similares a las flamas de fuego, mientras rostros putrefactos salían de este.

El terror del lugar y las limitaciones que tenía en escoger donde refugiarme, me obligaron a abrir la puerta donde se escuchaban los temibles alaridos de dolor. Pasé algo de saliva.

Al abrirla, encontré una habitación oscura, como si no hubiese ni fondo ni suelo. Era tan negro el lugar que se asemejaba al cielo infinito sin ninguna estrella por la noche. El ruido había desaparecido y no sentía la presencia de nadie. Estuve algo aliviado y bajo mi ritmo cardiaco, pues sentía como se escuchaba de algún modo.

Cerré la puerta y todo comenzó a tomar forma. El color ahora ya no volvió a ser negro, sino un color carmesí. De las paredes caía un líquido violeta que formaban extraños y largos signos, todos desconocidos.

Intenté acercarme a leer o tratar de entender algo de las escrituras, pues sentía ya había visto algo similar en alguna parte. Sin embargo, el terror me volvió a nacer cuando volví a escuchar los gritos de lamento, esta vez pude presenciar quiénes eran los que gemían con gran sufrimiento.

Eran unos seres monstruosos que no tenían la posibilidad de caminar con coordinación. Uno de ellos no poseía cabeza, pero sí seis brazos, uno de ellos en la rodilla derecha, dos en la espalda y otro por el abdomen.

El segundo visitante tenía una boca inmensa pero no un cráneo normal. Parecía algo aplastado por la parte superior y sus ojos estaban reemplazados por dos profundos orificios.

El tercero y último, no tenía brazos y estaba el cuerpo en carne viva. Su piel la tenía amarrada en la única pierna que poseía y su lengua no podía reposar por la falta de mandíbula.

Sentía que ya los conocía de tiempo, pero todo fue olvidado en cuanto vía detrás de mí una sombra inmensa que cubría toda la puerta, mi único escape, hasta el techo del lugar, que era bastante alto. No vi su imagen, pero tenía una corazonada de quién se trataba.

De alguna manera, me sentía seguro con estos tres monstruos ante la presencia del temible ser que se hallaba a mis espaldas. Traté de salir por un momento de la desesperación para saber cómo me entrometí en este lío. ¿Cómo es que terminé allí y por qué siento que debo enfrentarme ante este ser?

Intenté relajarme y escuchaba algo más que alaridos y risas diabólicas.
Cerré los ojos mientras presentía que se acercaban los cuatro seres a mí. El ruido misterioso era pacífico pero aún desconocido.


¿Dónde estaba yo? Escuchaba utensilios, como si un niño golpeara su tenedor y cuchillo antes de recibir su plato de comida.

Los seres estaban muy cerca, pero yo aún no abría mis ojos. Sentía que sus alientos me quemaban la cara y trate de tranquilizarme aún más. Uno de ellos, sino me equivoco fue la sombra, tomó mi brazo derecho que comenzaba a palpitar y que un líquido fluía por mis venas. Mis ojos no se podían abrir. Intentaba en abrirlos pero era en vano.

Empecé a gritar pero tampoco se escuchaba mi voz. En eso no tuve otra que concentrarme más en ese sonido lejano. Mi corazón se aceleraba y sentía que los seres se alejaban mucho más rápido. In mediatamente escuchaba voces. Los utensilios seguían sonando, esta vez con más claridad. Estaba recordando por fi.

Yo no estaba sufriendo, o tal vez sí, pero ese sonido de utensilios no eran de comida, eran quirúrgicos. Y las conversaciones eran de doctores.
Estaba siendo operado por un accidente que tuve en la autopista, y me pusieron parches en los ojos para no levantarlos mientras me operaban.


Sin embargo, ¿qué fue esa visión? ¿Una pesadilla o algo que pudiese suceder? ¿Por qué sentía que conocía a esos tres escalofriantes monstruos? No lo sé. Saquen sus conclusiones.

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